El extraño caso de Genaro Salinas

Nunca quedó suficientemente claro lo que le ocurrió a Genaro Salinas en Venezuela. La historia de su muerte es turbia, confusa, quizás por los actores involucrados, por el periodo de la historia en que ocurrió, o porque nunca llegamos a conocer toda la verdad sobre un suceso, incluso cuando al parecer todo ha quedado muy bien explicado y se nos presenta tan diáfano como el agua.

Genaro fue una de las mayores atracciones del negocio del espectáculo mexicano en la década del cuarenta, su voz se conoció en todo el continente a través de un gran número de grabaciones realizadas para las compañías discográficas de más prestigio de su época. Eran tiempos en los que el cantante romántico se caracterizaba por poseer una gran voz operática y cierta formación académica, de tal forma que la calidad era medida en función de la técnica y sobre todo del volumen que pudiera alcanzar el intérprete, una condición de suma importancia tomando en cuenta que se actuaba fundamentalmente en teatros y la tecnología del audio no suplía como ahora las deficiencias de los músicos en escena.

Las vidas que terminan de manera trágica sufren en la víspera una cadena de hechos desafortunados que parecieran anunciar que algo malo está en camino. Para algunos, la noche del domingo 28 de abril de 1957 fue el colofón del infortunio de Salinas. Hacía varios meses que residía en Caracas, llegó contratado para actuar en Radio Caracas Radio y al parecer no leyó las letras pequeñas del contrato que le impedían actuar en otro circuito radial hasta luego de tres meses. Salinas vivía por la calle del medio, tomaba licor y se iba de fiesta muy seguido, en su descuido no pagó el hotel y al verse sin trabajo tuvo que aceptar actuar en lugares nocturnos que estaban por debajo de su categoría para intentar cancelar sus cuentas.

Su amiga la cantante Graciela Naranjo le tendió la mano y lo recibió en su apartamento donde compartiría el cuarto con su hijo mayor, Alberto. En el futuro, Alberto quien se convirtió en un arreglista y director de mucho prestigio, recordaría en un artículo de prensa su temporada con Genaro como compañero de cuarto y el infortunio de su desaparición física que vino acompañado del hostigamiento de la Seguridad Nacional.  El esposo de Graciela, el pianista Gonzalo Rubalcaba no estuvo de acuerdo con el gesto samaritano de la cantante y, según dijo al diario Panorama, esto fue la causa del rompimiento de su matrimonio poniendo en tela de juicio la moral de Graciela “No era precisamente un arrimado de ella” (Miércoles 1º de mayo de 1957).

Graciela y Genaro actuaron juntos en una gira por el interior del país el mes que precedió la muerte del mexicano. Sin embargo, aunque la prensa reseñó el acontecimiento esta incursión artística no reportó las ganancias que ambos esperaban. Graciela era una cantante excelente con mala suerte, fue pionera de la radio y la televisión, su carrera se remonta a los años treinta cuando alternó con Carlos Gardel en su histórica visita a Venezuela en 1935. Tuvo una gran actividad profesional y generó los mejores comentarios de personajes internacionales como Agustín Lara, quien la tenía como la mejor intérprete venezolana de sus canciones. Sin embargo, por alguna razón desconocida, casi no realizó grabaciones y ya en los años cincuenta era una estrella en retiro.

La carrera de Graciela ‒así como la de Genaro‒ “fue”, “ya no era”. Ambos estaban en declive, pero a diferencia de su amiga, Genaro todavía conservaba mucho de su brillo del pasado. Otro infortunado, Pedro Infante, amigo de Salinas, le había enviado cartas diciéndole que estaba preparando su regreso a México por la puerta grande. En varias misivas le pedía paciencia, que pronto le enviaría un contrato a su altura, pero la muerte sorprendió al charro y no pudo cumplir su promesa.

Genaro estaba varado, quizás deprimido, era un hombre que habiendo vivido el éxito profesional, ahora soportaba el descrédito y la humillación de la escasez y las  vicisitudes económicas. Tenía 37 años y se estaba separando de su esposa con la que tenía dos hijos que residían en Argentina. En Buenos Aires su voz fue bien cotizada en cabarets, televisión y radio, prácticamente era su segunda patria, toda vez que sus problemas con el gremio artístico mexicano lo distanciaron de su tierra natal.

En Argentina conoció a la actriz Zoe Ducos con quien presuntamente sostuvo un fugaz romance que a todas luces sería la causa de su trágica muerte. Para el momento del crimen de Salinas la actriz estaba residenciada en Caracas y era la flamante esposa de Miguel Silvio Sanz, alto funcionario de la temida “Seguridad Nacional”, brazo represivo de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. En las postrimerías de su vida Zoe Ducos negó rotundamente haber tenido este amorío. A este respecto, el periodista Nelson Hippolyte Ortega recoge en su libro Entrevistas Malandras (Grijalbo, 2010) su grotesco y frío recuerdo de Genaro: “Ese señor se dopaba un poquito y se le ocurrió decir que era mi amante”.

La noche del domingo 28 de abril, a eso de las 7:30 dos agentes públicos encontraron a Salinas agonizante en el túnel que comunica la avenida Victoria con Los Chaguaramos. Había sido golpeado y probablemente lanzado desde lo alto, aunque algunos medios impresos dijeron que había caído al vacío producto de una borrachera. Los gendarmes lo reconocieron y fue llevado de emergencia al Hospital de Coche pero esa misma noche murió en la sala de operaciones a consecuencia de una doble fractura de cráneo y otras contusiones.

Aunque Zoe Ducos  negara hasta el cansancio  su historia con Salinas, esta fue muy comentada y es un hecho que Genaro intento acercársele en varias oportunidades y que por eso su esposo dio la orden de darle unos golpes y sacarlo del país.  El cantante Raúl Naranjo, quien conocía a Sanz, afirma que su intención no era matarlo, solo quería evitar que continuara molestando a su señora, pero a los esbirros se les fue la mano y le causaron la muerte al echarlo de cabeza por el túnel.

Durante el velorio muchos artistas estuvieron presentes y recaudaron dinero para enviar el cadáver a México: “Yo hablé con el presidente de la ANDA para que lo recibieran y el hombre me dijo ‘no señor, él ya se fue de aquí, mándenlo para otra parte’”, cuenta el recitador Víctor Morillo, miembro para aquel entonces del movimiento sindical de artistas venezolanos. El gremio criollo envió una carta a la esposa de Genaro y recaudaron dinero para correr con los gastos funerarios y el posterior envío del cuerpo a Argentina. Al solicitarle ayuda a su compatriota y colega, la actriz de cine Evangelina Elizondo que se encontraba en Caracas contratada por el Pasapoga, esta se negó a colaborar y ni siquiera quiso aparecer por la funeraria temiendo que un mal comentario dañara su carrera.

Una semana estuvo en una funeraria de las Mercedes el cuerpo de Genaro, su rostro parecía desconcertado, tenía los ojos abiertos y la cabeza rapada. Un par de días antes de la última noche, cuando se preparaban para embarcar su cuerpo en un vapor rumbo a Argentina, ocurrió algo desconcertante.

A Víctor Morillo todavía se le eriza la piel al recordar todo aquello. Cuenta que una de las noches del velorio apareció Daniel Santos en la funeraria: “Me encontraba haciéndole guardia a Salinas y en esas llegó Daniel y se acerca a la urna. Genaro tenía los ojos muy abiertos. No sé porque estaba así, era muy extraño. Entonces Daniel que tenía un puñal de cruz guardado en la cintura, lo sacó, se lo puso en la frente y Genaro cerró los ojos. Todos los que estábamos ahí nos quedamos locos sin entender que había sucedido”.

Nunca hubo responsables, mientras duró la dictadura el silencio y la complicidad rodearon el caso, después todo quedó como parte de una leyenda oscura en el negocio del espectáculo venezolano. Pobre Genaro.



Luis Armando Ugueto Liendo

Imagen de Portada: Diario La Esfera, documento de 1957 publicado en artículo en cronicasdeltanato
Imagen del puñal: Colección Saverio Cubisino @saveriocubisino

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2 comentarios en «El extraño caso de Genaro Salinas»

  1. Siempre me ha cautivado su voz, sus canciones tienen ese romanticismo cinematográfico de la edad de oro. La historia de su trágica muerte es realmente escalofriante, un amor trágico, que pesar,e stando bien en Buenos Aires con familia e hijos prefiere divagar y meterse en rollos turbios tras de una mujer.

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