Errata vecinal

Desde que llegó al barrio, a las tres de la tarde de cada día sale a regar su jardín. Siempre viste ese pantalón azul chirriante ceñido a su delgadísimo cuerpo y la blusa blanca de escote amplio que permite a cualquiera, desde lejos, disfrutar de su larga espalda. Por delante, los huesos sobresalientes de su clavícula y la tela pegada a su piel evidencian un pecho completamente plano. Sus tacos, también blancos, son gruesos y altos. Lleva el pelo recogido en una cola tensa que da la impresión de alargar aún más su figura. Durante treinta minutos exactos se queda allí, erguida, imponente, regando las rosas y los geranios. Nadie se acerca a conversar con ella, pero todos la observan desde sus ventanas o puertas, siempre abiertas. Por eso, los vecinos la extrañaron las últimas tres tardes. Por eso han llamado a la policía y hoy, finalmente, han entrado a su minúscula casa. La han encontrado en medio de la sala, desnuda, con la manguera enrollada alrededor de su cuerpo sin vida. Un cartel sobre su cadáver admite el error: Nos equivocamos. Sí era mujer.



Kathy Serrano
Persigo la belleza en la  brevedad. La he perseguido en el cortometraje, en el microteatro y ahora en el microrrelato. La brevedad no admite palabras, planos, escenas demás. La brevedad exige, reta y abre un espacio a la magia, la experimentación y un diálogo invisible con los lectores.

Microrrelato publicado en Húmedos, sucios y violentos (Estruendomudo, 2020).
Fotografía: Rafael Guillén 

2 comentarios en «Errata vecinal»

Deja un comentario