Un baño en Navidad

No, no se trata del baño de limpieza personal, ese que diariamente es deseable y que ahora con la ausencia del líquido noble en las tuberías de las casas venezolanas, ha pasado a tener otro carácter según el cual periodicidad y maneras de tomarlo han cambiado el tradicional buen hábito.

No es tampoco una inmersión en líquidos coloridos y de dudoso olor que, vista la proximidad de un nuevo año garantice la buena suerte, que bien necesitamos los venezolanos, así como la prosperidad, el amor y demás bienaventuranzas para el 2.020; sin duda, necesitamos algo más que un baño de ensalme para salir del caos.

Hablamos aquí del espacio físico que cada hogar destina a actividades de aseo privadas y otras conocidas, y que con frecuencia derivan en un afortunado retiro momentáneo que puede significar también beneficios adicionales, tal como sugiere el ganador del Premio Nobel de Literatura 2019, el austríaco Peter Handke en su pequeño libro Ensayo sobre el lugar silencioso*. En ese lugar, el cuarto de baño, el protagonista recuerda el silencio reflexivo de algunos momentos de su infancia, en una estación de trenes, un parque portugués o en un templo budista, con lo cual el autor explora literariamente lo cotidiano, el recuerdo, la identidad, la ausencia o la presencia… en una fecha y lugar determinado, en un baño.

El cuarto de baño devenido en sitio privilegiado para el protagonista, en lugar singular que rescata la memoria y la reflexión personal. Tema ciertamente un poco extraño, o por lo menos bien particular.

Y lo es tal vez más si sumamos el tema navidad al cuarto de baño: Un baño en Navidad.

Todo parte, para ser metódicos, de la decoración navideña de las casas, la época decembrina como excusa para transformar un hogar, diremos habitual, en un sitio donde luces, brillos, flores, bombillas, renos y Santa Claus o de su competencia, el Niño Jesús, ocupan un lugar que puede ser relativamente discreto: un árbol, un nacimiento, unas luces en un balcón bastarían para “sentir” la navidad, para imbuirnos del espíritu navideño. Hay otros casos, sin embargo, en que la palabra transformar deviene en transfigurar: entonces una casa es una gran metáfora titilante de la Navidad, es la exégesis de la decoración navideña, que hay para todos los gustos. En este caso, el amor por la navidad encuentra reflejo en cuanto símbolo, adorno o cachivache navideño salidos de las tiendas o de manos laboriosas caseras que aspiran a contribuir al espíritu navideño de la familia o, altruismo de por medio, de las amistades.

Y si de afinidad grandilocuente por la decoración navideña se trata, los norteamericanos han demostrado con suficiencia esa afición: casas convertidas en una sola y gigantesca instalación de luces, todas las paredes exteriores, ventanas y el techo conforman un único perfil brillante de luces multicolores; jardines con pinos navideños monumentales, como también lo son los Santa Claus a bordo de su trineo y los correspondientes renos, todos éstos constructos navideños que hacen gala de un consumo energético dispendioso o envidiable, dependiendo del país de quien juzgue el derroche, que a muchos venezolanos les gustaría tener varios días seguidos electricidad, no diremos para ornamentación navideña, sino para simplemente poder utilizar la nevera todos los días, por ejemplo.

Y ese espíritu decorativo exacerbado por la euforia de la época llega, sí, al baño. Una navidad in extenso a todo el espacio del hogar: que desde que se llega a una de esas casas, y se entre en cualquier estancia se respire la época navideña, que en ningún momento dejemos de sentir sus efluvios, desde el jardín pasando por todas las habitaciones y rincones, hasta… el baño.

Y si es por Venezuela, los maracaiberos tienen lo suyo en esto de decoraciones navideñas, o tenían, que con un 90% de baja en ventas de adornos de navidad este año, como lo dice el informante Google, tendrán que dejar para mejor momento su manera, digamos exagerada, de adornar sus casas y jardines en esta temporada. Una visita a internet nos da una pequeña muestra de lo dicho. Aquella “Maracaibo marginada y sin un real” como decía la gaita de hace unos años, ahora, en esta época, lo será mucho más.

Ah, pero lleguemos al lugar del silencio decembrino, en algunos baños venezolanos vestidos de navidad.

Es que, quién sabe, a lo mejor en un cuarto de baño rebosante de Navidad se incentivan insospechadas reflexiones solitarias sobre el paso del tiempo, los propósitos para el venidero año y demás humanas elucubraciones. Tal vez el personaje de Handke encontraría en uno de esos baños navideños altas notas de inspiración para sus elevados pensamientos, dignos de posteriores recuerdos y aún de libros.

En el caso venezolano, hemos tenido la suerte temprana de conocer por casualidad uno de estos hogares, ya ornados desde mediados del mes de noviembre, que hay que disfrutar el mayor tiempo posible la época; por mayor casualidad aún, pudimos entrar al cuarto de baño.

Para comenzar, primera reflexión al estilo de Handke, podemos decir que es encantador comprobar que esa decoración en realidad es una excusa altruista para estimular todos los sentidos de quién tenga la oportunidad de visitar una de estas casas, o, en el presente caso, la necesidad de entrar en este baño en particular: al ingresar al lugar del silencio, un estimulante olor a pino, desde luego, no podía ser otra la fragancia, penetra con generosidad nuestra nariz, y salvo uno que otro estornudo impertinente, todo es indicio feliz de lo que nos aguarda.

Al adentrarnos más, los pies se posan sobre una pequeña alfombra que, a la función anti resbalante habitual agrega en su confección una tela con imágenes propias de la ternura de la época: Un San Nicolás rodeado por dulces niñitos recibiendo sus obsequios, en tanto los renos sonrientes miran la escena y aguardan por su amo para seguir el consabido vuelo de esa jornada. Todo ello acompañado del ambiente que corresponde a esa idílica noche: helada nieve por doquier, sobre todo en el muñeco congelado que acaban de elaborar las criaturas, pinos alumbrados por un romántico farolito que entre una densa neblina compite con la luna para iluminar la noche. Hermoso, ni qué decir.

En tanto el trono, ah, el trono, no se queda atrás en estas fechas: un forro similar a la alfombra lo recubre acolchadito, a la espera del pensador de turno. Vuelos y faralaos, encajes, puntillas y flores adosadas al juego de baño tienen sus complementos en el resto del baño, que la simplicidad no encaja en este esfuerzo decorativo. Sobre el respaldar del trono algunos motivos: un plato con bolitas rojas y piñones cubiertos de escarcha dorada, un par de velas aromáticas, y lo mejor para nuestra estimulación auditiva: un pequeño muñeco dorado chino que levanta sus manitas al son de Jingle Bells, increíble. Vasos alegóricos, portacepillos y hasta el propio cepillo de dientes con diseños propios nos recuerdan, claro, que estamos en navidad. Llegado el momento de utilizarlo, al papel higiénico debemos hacerlo emerger de una capucha de Santa, que celoso lo resguarda. Pero a quién ocupe el trono le aguardan motivos mayores para su momento especial: una cortina en la ducha advierte que el tiempo es inexorable: enormes relojes danzantes rojos y verdes, nos recuerdan que pronto pasará este año y un dibujo del año 2.020 orlado de dorados en el centro de la cortina, así lo sugiere enfático para nuestras enjundiosas reflexiones. Después de este compasivo recordatorio, llega el momento del lavamanos, y una toalla roja y verde, con delicados bordados de motivos (ya sabemos de qué) acoge nuestras manos; para finalizar la rutina, al mirarnos en el espejo, ya listos para salir de este lugar extraordinario, una generosa profusión de luces en torno al cristal nos ratifica que sí, ES NAVIDAD, y admiramos nuestra imagen devuelta en titilantes colores, para una salida del sitio con la esperanza y la autoestima en alto.

No, no hay nada como el kitsch de navidad.

*Edit. Alianza Literaria, 2.015.



Norma Socorro Marcano

Fotografía de portada: Denise Armitano C.
Fotografías de adornos e implementos en tienda: Jenny Meléndez Z.

Imágenes de ilustración ubicadas en Internet

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1 comentario en «Un baño en Navidad»

  1. Estimada Norma: excelente relato, además la fantasía se hace realidad en el ambientes del “trono especial” en algunos hogares visitados.
    ¡Felicitaciones y Feliz Navidad!

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