“Uno con todo y uno de piña”

Filippo llegó a Caracas en 1952 con una maleta de cartón, casi vacía. Logró comprar un carrito de perros calientes y establecerse en la Plaza Francia de Altamira.

Cuenta Antonio, su hijo, que los primeros clientes “…descartaban el pan y le daban la salchicha a sus perritos. Los caraqueños de entonces eran tradicionales, preferían las arepas…”. Pero eso cambió y Filippo se ganó mucho más que el estómago de los caraqueños: su simpatía, la calidad de sus productos y el boca a boca hicieron el trabajo.

Eran perros calientes sencillos, con pocos ingredientes, y no se ofrecían gaseosas: primero limonadas, luego jugo de melón y, finalmente, de piña. Para Filippo, como los jugos eran más ligeros sus clientes comerían más.

En los 90, el gobierno quiso acabar con las ventas ambulantes y varias veces Filippo tuvo que correr con su carrito al ver acercarse la policía.

Años después, en 2007, fue incluido en el inventario de bienes de interés cultural del municipio Chacao. Filippo Saglimbeni falleció el Viernes Santo de 2014. Muchos dicen que fue un ciudadano noble que, con sus salsas y perros calientes, encarnó parte de esa ciudad fraterna y cálida que, a veces, creemos haber perdido.



Juan Carlos Oliveira

Imagen de portada: fotografías documentales, Filippo Saglimbeni / Edgar de Sola con sus padres y su tía Doris en el puesto de perros calientes de Filippo (Altamira c. 1952) / El famoso cantante mexicano Tony Aguilar y Filippo.

1 comentario en «“Uno con todo y uno de piña”»

  1. Qué lastima que Filippo no llevó un diario
    o quizá sí..o quizá no
    Te imaginas la cantidad de historias, de paladares, de alegrías y hasta de dolores que desfilaron por alli ?
    Un personaje único.
    Un personaje caraqueño, merecedor de este requiem tan evocador como el que estoy leyendo.
    Me gustó !

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